21.01.2010

“CONCIBO EL TEATRO COMO UN HERVIDERO EXPERIMENTAL DONDE UNO TIENE QUE CAMBIAR CONSTANTEMENTE"

Compartir Nota:
Martín Marcou exhibe sus obras crudas en el espacio under
Crédito: Martín Marcou


Martín Marcou es actor, director y dramaturgo. Nació en Comandante Luis Piedra Buena, provincia de Santa Cruz, pero a los 19 años se vino a vivir a Buenos Aires. Ahora tiene 31. En el 2006 creó el grupo Teatro Crudo y cuenta en su haber con obras como “Desmesura vaginal”, “Rancho Blanco”, “Tortita de Manteca”, “Lame Vulva” y “Brillosa”. Sus creaciones son impactantes, incomodan, divierten y generan reflexión. Teatro visceral: entrevista a Martín Marcou.

 
-¿En la visión artística de Tortita de Manteca decís que el teatro es un lugar privilegiado, por qué?
 
-Es un espacio que me permite pararme en un lugar para decir, y ese lugar que uno se autogestiona te da la libertad de poner en práctica un espíritu crítico, una ideología. Me parece importante tener algo que decir, generar un teatro de reflexión, de ideas. El privilegio es mi caso pasa por ese lado, por el tipo de discurso del que me apropio. Y aparte es lo único que yo hago, entonces es un espacio que cuido, trato de alimentar y de crecer en esto que elegí. Soy una persona que puede hacer lo que le gusta y eso ya es importante, en un mundo tan convulsionado y en una ciudad tan grande donde hay mucha gente que está frustrada, que no hace lo que quiere, que vive de otra cosa o que no encuentra su lugar, para mi el teatro es un aliado.
 
-En Lame Vulva exhibís la violencia doméstica y en Brillosa las apariencias. ¿Qué otros temas te interesan plasmar para generar reflexión en el público?
 
-Los temas en un creador van variando, tienen que ver un poco con la situación en la que está viviendo y qué elementos lo atraviesan. Como somos identidades sociales, lo que va pasando en tu contexto sociocultural, inclusive económico o político, te va seduciendo para que aparezcan nuevas temáticas. Yo me muevo por temas que no dejan de ser universales, como el amor, la muerte, la alegría, la tristeza y la violencia. En este momento me interesa cómo nos estamos comunicando las personas, qué pasa en la ida y vuelta, qué códigos se ponen en juego y cómo uno decodifica al otro, si realmente estamos comunicados o estamos inmersos en algo muy mentiroso de lo cual formamos parte y tenemos que acomodarnos como podemos para poder subsistir. También me interesa el ser humano, con sus contradicciones y aciertos, me calienta mucho en el buen sentido y me da para pensar todo lo oscuro y crudo, la miseria del ser humano. Yo apuesto dentro de mis posibilidades de hacerlo lo más auténtico posible, pero de verdad, sin máscaras.
 
-En el caso de Lame Vulva, ¿de qué forma te interiorizaste sobre la violencia?
 
-Es un compendio de un montón de variables crear un espectáculo desde mi perspectiva. En principio, cuando era chico sufrí violencia física, entonces eso inevitablemente quedó unido a la obra, fue un punto de partida. También al ser criado en un pueblo chico, eran cuarenta casas y 168 personas, ciertas cuestiones se sobredimensionaban, cosas que por ahí son cotidianas acá en la ciudad, uno allá las veía con lupa, la violencia estaba instalada de otra manera. Yo viví en una zona rural, entonces cada tanto había gente acuchillada. Se apagaba el motor de la luz a las doce de la noche y mi vieja, que era enfermera, tenía que ir a ayudar a hacer autopsias, y yo de chiquito iba a espiar. Eso inevitablemente te marca aunque vos no lo quieras. También el hecho de ver como matan animales para carnearlos tiene una carga de violencia muy grande. Allá si se moría una persona era alguien con nombre y apellido, que tenía una historia con la que vos convivías cotidianamente. Acá es igual, porque se muere gente todos los días, te aplastan la cabeza en el subte, se cae alguien en la calle y la gente sigue de largo. Cotidianamente uno convive con eso. Estas cosas configuraron en el deseo de materializar esas sensaciones que me atravesaron, en algo expresivo y dramático. A eso también le sumé la historia de los actores, con lo que traían y proponían en los ensayos. Por supuesto hicimos una investigación de campo, porque había ciertas cuestiones que, si bien en el trabajo final no aparecen, está bueno no tocarlas de oído o hablar sin conocimiento de causa. Son temas delicados.
 
-¿Pensás que en algún momento los temas que tratas en tus obras van a trascender el circuito under y van a desarrollarse masivamente?
 
-Yo soy un convencido de que eso es factible siempre y cuando uno lo desee. Depende donde vos te pares y adonde quieras llegar. Los temas que yo toco han ido ocupando espacios, como la homosexualidad, un tema antiquísimo. Con respecto a eso, no es lo mismo lo que fue pasando a lo largo de la historia, que lo que pasa ahora. Este avance de lo gay hace que ciertas temáticas ya están instaladas en el circuito comercial, y hasta oficial. Hay mucha gente luchando por los derechos de igualdad de género, y van abriendo espacios en los medios. El teatro independiente me permite esta impunidad y total libertad de hacer lo que quiero, yo trabajo para el público y me gusta que la mayor cantidad de gente vea mis obras, pero no por eso me voy a bajar los pantalones. Marca la diferencia quien se la banca y tiene una ideología y la defiende, cueste lo que cueste. Transar por transar no me cabe, estoy completamente seguro que voy a poder seguir haciendo teatro y vivir de lo que elijo siempre manteniendo mis ideales, que seguramente van a ir cambiando y van a ser otros mis intereses, pero hay algo en el orden de mi esencia que se mantiene.
 
-¿Cómo fueron tus comienzos en el teatro?
 
-Nos descubrimos mutuamente, y fue lúdicamente, como empiezan muchas personas. Lo que me ayudó o que potenció la idea de la representación de lo dramático tuvo que ver con que me crié en un pueblo muy chiquito donde no había televisión, llegó cuando yo tenía doce años, y entonces tenía que apelar a la imaginación y utilizar los recursos que había, lo cual hizo que se desarrolle en mi la necesidad de contar historias. Tengo un recuerdo de chico que tiene que ver con una ficción que había creado con un grupo de amigos, que me pasaban a buscar a las seis de la tarde y montábamos escenas. Yo las escribía en mi cabeza, las armaba, dirigía esa serie muy famosa que teóricamente era para televisión, y siempre el capítulo terminaba en una situación dramática cúlmine, que seguía al otro día. Ese tipo de cosas fueron quedando, y luego se formalizan académicamente, buscás ponerle un nombre. Otra cosa que me pasó en el ejercicio de la dramaturgia es que empecé a escribir mi vida a los diez años en un diario íntimo, y hoy tengo 31 años y lo sigo haciendo. Eso me dio el hábito de la escritura.
 
-¿Cuándo salís a la calle qué cosas te conmueven?
 
-Soy mucho de reparar en el detalle, tengo a flor de piel la observación y me gusta mucho ver como se comporta la gente. Me causan muchísima tristeza y dolor cuestiones que quizás para el resto podrían pasar desapercibidas. Me pasó de ir a una galería y ver a una mamá comprándole un par de zapatos a la nena, y como la niña quería otros que eran muy caros y no se los podía comprar, entonces la señora creó toda una estrategia para manipular el deseo de la nena para que se conforme con eso que ella podía comprarle, y yo salí llorando, acongojado. Uno es muy descomprometido con algunas cuestiones, a veces estás muy metido en vos mismo y hay cosas alrededor que pasan y son muy dolorosas. Violencia, gente con hambre y sufriendo. Mucho chico acostumbrado a situaciones que no debería. Me nutro de estas cosas, me atraviesan.
 
-¿Cómo va a ser Te Estaba Esperando, tu próxima obra?
 
-Van a actuar cuatro mujeres y es una historia que continúa la línea de Rancho Blanco, ocurre en el campo. Habla sobre como te construye otra persona, la mirada del otro, qué significa uno para el otro sin que necesariamente sea lo que realmente uno es. Va a estar condimentada con tragedias y esas cuestiones que a mi me gustan que son bastante sarcásticas, un humor ácido e irónico, con un texto más corto pero pulido.
 
 
Martín Marcou Dixit
 
“La variedad teatral tiene sus pro y sus contras, porque por un lado existen los que buscan un lenguaje personal, una manera de decir, y después hay grupos que son satélites, que se juntan para hacer una obra y se desarman. No está mal, pero si alguien nunca vio teatro y va a ver un grupo super amateur, después no va a volver, o si pero lo va pensar dos veces. Hay que hacer una toma de conciencia del espacio que uno genera y replantearse con qué intención se hace teatro y qué va pasando con eso. Me gusta pensarlo así porque me compromete, es como tener un novio y cuidarlo, no te duermas en los laureles. Me parece importante rescatar lugares donde se construya desde un espíritu reflexivo, el teatro es un espacio de poder”.
 
“Cuando tenés cierta continuidad tu público te empieza a seguir y acepta tu propuesta, va en busca de eso. Si bien está bueno tener un sello personal, un estilo, concibo el teatro como un hervidero experimental donde uno tiene que cambiar constantemente, porque uno cambia. Me preocupa mucho quedarme en el tiempo y que me teatro no sea actual, necesito estar todo el tiempo innovando sobre mi propia propuesta”.
 
 
“Me gusta mucho comulgar con la mirada del otro, que el que mira no solo complete el espectáculo si no también que pueda resignificar. No me gusta dejárselo servido en bandeja, sino que pensemos conjuntamente. Estoy abierto a las diferentes opiniones, no soy una persona necia ni hermética, voy tanteando. Se trata de consensuar, yo te doy un poco lo que vos querés, pero por el otro te digo otra cosa y te dejo pensando. Me sentiría muy mal que vengan a ver mis obras y que se vayan sin nada. A veces pasa, porque hay una gran variedad de espectadores, pero sin ser muy pretensioso mi intención es que el que va, de alguna manera se quede con algo”.

 

por Laura Gilardenghi
para ABC Cultural