13.04.2009

“A VECES EL PÚBLICO TAMBIÉN SE PONE DEL LADO DEL PERSONAJE”

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La actriz frente a una imagen de su personaje en el Teatro Picadilly
Crédito: ABC Cultural


Jorgelina Aruzzi es una actriz que ya demostró su talento en el teatro y en la televisión. El comienzo de su carrera se remonta a 1992, cuando dio sus primeros pasos en las tablas en la obra Pasiones Olvidadas. Luego participó en programas de gran popularidad, como Campeones, Son Amores, La Niñera, Chiquititas sin fin y Susana Giménez. Todos ellos tienen en común un elemento que no le es ajeno: la comicidad.

Es otro tipo de humor el que despliega desde la historia, la producción y la actuación gracias a su personaje de Claudia en la obra teatral “La madre impalpable”, el unipersonal en el que finalmente obtiene el protagonismo absoluto en la calle Corrientes y que va por su segunda temporada. Según lo comenta, el nivel de agotamiento debido a las tres funciones consecutivas (jueves, viernes y sábado) le exige un descanso obligado para recuperarse de tanta exigencia actoral, vocal y corporal.
 
Recién llegada del sur argentino, donde estuvo presentando varias funciones de La madre impalpable, Jorgelina Aruzzi conversó con ABC Cultural. Uno esperaba fantasiosamente que entrara al bar como Claudia, su apabullante personaje, pero quien ingresó fue su antítesis: una mujer racional, calma, pensante y quien convierte la entrevista en una charla amena, de esas que uno no quiere que concluyan.
 
Para referirse a esta creación suya, la actriz devenida en directora comenzó el reportaje explicando: “La obra no habla puntualmente de la educación pero sí habla de cómo estamos educados en lo cotidiano”, y no pudo evitar hablar con cariño cuando hizo mención a ese personaje tan especial que es el único al que se ve en el transcurso del espectáculo. Además, agregó que “mucha gente se siente identificada y hay otra gente que no se ríe del todo porque se siente como tocada”.
 
Si hay que destacar algo es su carácter simpático y su excelente predisposición aún cuando, en plena charla, una adolescente ingresó exclusivamente con su hermana menor para saludarla y felicitarla por sus trabajos, el cual es probable que hayan visto gracias a su papel en la famosa producción de Cris Morena, “Chiquititas sin fin”.
 
Sensible, comprensiva y con grandes cualidades humanas y artísticas, la protagonista y productora de la obra criticó a la educación general (o falta de ella) que padece actualmente nuestra sociedad y la relacionó con la personalidad obsesiva y desbordada de Claudia, la madre impalpable propiamente dicha.
 
¿En qué te basaste para armar el personaje? ¿Tuvo algo que ver con tu infancia, algo parecido a lo de tu hijo (por el personaje en la obra)?
 
Yo quería hablar un poco sobre este tipo de gente, de la negación. Esta madre no ve que su hijo tiene un problema porque ella tampoco puede ver que lo tiene. Esa cosa de negar, de dejar al niño a la deriva. Para mí la primaria es una etapa muy definitiva para las personas, ahí es donde vos te vas formando como adulto: estás seis horas fuera de tu casa, donde tenés el ámbito de la educación y de los otros compañeros. Y vas teniendo un rol. Si a vos siempre te tildan de gordo o de enano, eso siempre va a tener un efecto. Parece que hay un bache en lo educativo y en lo institucional que si la familia no lo cubre, no lo cubre nadie. Y Javi (su hijo en la ficción) quedó a la deriva. “Cachete Mamá”, un hijo varón y una relación complicada con una madre tremenda. Pero hay tics que tienen las madres, no? Esta cosa sobreprotectora, de no saber cómo comunicarte y encima acá hay un padre ausente que nunca se sabe qué pasó.
 
Ahora más porque (los padres) trabajan como 14 horas, llegan y no le prestan atención a los chicos. La situación cambió: antes la mujer se quedaba en la casa, se sentaba y compartía con los hijos.
 
Yo pienso que si hubiera un sistema en el que trabajás 7 u 8 horas, que es lo establecido, las madres llegarían y hablarían con sus hijos. Lo que pasa es que como nadie tiene ese manejo de trabajo está todo tan colapsado que es otro sistema. Y el sentir nuestro también tiene que ver con eso.
 
En esta obra escribís, actúas y dirigís. ¿La experiencia es gratificante, estresante o una mezcla de ambas? ¿Y en qué proporción?
 
Lo que más estresante me resulta es la parte de producción, que si bien ahora tengo un equipo de producción, siempre ser cabeza de equipo me resulta estresante. Después, el dirigir, escribirla y actuarla tiene que ver con que si fuera un teatro más de autor.
 
¿Lo sentís más propio, como si fuera tu criatura?
 
Sí, es que cuando la imaginé y cuando todo empezó a surgir lo imaginé de esa manera. Creo que la necesidad de escribir y dirigirla tenía que ver con actuarla así, como algo propio. Y lo convoqué a Mario Marino, que me ayudó, y todos opinamos. Pero la última decisión sí tiene que ver con lo que opino yo y también es hacerse cargo de una visión y de la parte artística de cómo uno ve las cosas. Sí te estresa porque si a alguien no le gusta y quizás vienen y te dicen “la obra más o menos pero vos muy bien”, también me afecta. Me estresa pero yo quería hacerlo.
 
¿Y la gente qué comentarios te hace sobre la obra y el personaje?
 
En general muy bien, a la gente le gusta. Nuestra generación se engancha más con el humor y a la gente más grande le parece un poco terrible reírse de eso. La obra tiene mucho de ironía y humor negro. Algunos se enganchan con la parte del problema pero en general va muy bien y la gente se ríe, y se queda pensando si está muerta o no.
 
Está bueno eso porque te deja reflexionando sobre qué pasó. ¿El final es así abierto por algo en particular?
 
Para mí está clarísimo pero hay una parte en la lectura que tiene que ver por ahí con que te estuviste riendo de una muerta o con el drama de una cuestión culposa. Mi marido me dice “no digas eso que está re claro”. En realidad, que esté o no esté es como un detalle por el tema de truenos pero en sí lo que cuenta es la anécdota, la historia de ella.
 
Su forma de expresarse, y varias de las frases que dice, no son muy ubicadas. Sin embargo, genera mucha gracia. ¿Creés que tiene ese efecto porque los argentinos, y algunas madres en particular, se sienten reflejados con esa actitud?
 
Sí, en general todas las madres me dicen que se identifican. Hay una escena (cuando ella lo increpa a Facu Recalde en el baño) que yo ya la había escrito. Después alguien me comentó que su hija sufrió una discriminación parecida y reaccionó de forma similar a la de Claudia en la obra. Yo creo que los padres en un momento quedan como en “un día de furia”.
 
Que todos llegan al punto límite y explotan
 
Claro. Algunas personas se identifican, quizás no exacerbadamente pero también les surgen todos los miedos de ser una madre así.
 
Además en este caso está muy llevado al extremo el personaje. La forma de ser, cómo habla, las cosas que dice. Quizás eso también genera cierta comicidad.
 
En la escena de la psicopedagoga donde le pregunta si tiene hijos y le dice que no: la forma en que reacciona. A mí una chica me comentó que tenía razón, que cómo la psicopedagoga la iba a asesorar si no tenía hijos. Yo le respondí que si estudió, aunque no tenga hijos, puede opinar (risas). Entonces a veces el público también se pone del lado del personaje. Lo que pasa es que en algunas situaciones de la obra la empezás a comprender.
 
¿Ahora estás dedicada a La madre impalpable o estás con algún otro proyecto?
 
Estoy con un proyecto que me ofrecieron para televisión pero todavía no concreté nada. Sigo abocada a La madre impalpable. Estoy en mi casa, tranquila y por ahora disfrutando los frutos de la obra. Viajando. A mí me gusta viajar, y viendo después qué pasa.
 
¿Esperabas que esta 2º temporada tuviera tanta repercusión?
 
La verdad que no. Ya igual el objetivo con la obra está más que cumplido, lo del premio (ACE 2008 a Mejor Actriz de teatro alternativo) fue buenísimo, no nos lo esperábamos. Lo de Grinbank también (DG Medios produce la obra), ahora en Calle Corrientes. Muy cumplido. A veces cuando la hacés tantas veces entrás en una rutina pero después la pasás muy bien. Se extraña cuándo decís “quiero parar un poco”.
 
¿Pensás que esta experiencia te va a animar a seguir escribiendo?
 
Sí, a mí me gusta mucho escribir. Siempre escribo más desde el “hacer”, con la idea de hacerla (la obra). Pero ahora estoy con unos proyectos que tienen que ver solamente con el escribir para otros. Ahora quiero hacer de todo.
 
Es muy radical la diferencia entre verte a vos “de civil” y verte caracterizada como el personaje. ¿Cómo se te fueron ocurriendo esas diferencias un tanto recargadas y los elementos que hacen al personaje?
 
En la observación. Desde los otros hasta también mías, de mi madre, de mi familia, de mis amigas. Tengo muchas amigas que hablan de sus madres de una manera incriminatoria y yo en un momento también. Y después soltás, ¿viste? Hay una generación que me parece que tiene que ver con nuestras madres y de echarles mucho la culpa a los padres.
 
Ya sea por exceso o por omisión hay una cuestión incriminatoria
 
Claro. No querer repetir con los hijos las cosas que hicieron los padres, cuando en realidad hacen otras. Pero esta cosa salvaje de hablar así se escucha mucho en la intimidad o en un taxi. Hay mucha cosa de meternos en lo que debería hacer el otro y no en lo que uno hace.
 
Una vez que finaliza la obra, que es bastante intensa, ¿cómo hacés para desconectarte? Para decir “sale Claudia, entra Jorgelina"?
 
Con el pasar de las funciones cada vez me relajo más fácil. Al principio era bastante movilizador.
 
Claro, no hay un interruptor que decís “ya está, salí del personaje”
 
Es como se va dando con la energía del público. A veces me cuesta dormir o a veces me siento medio rara pero ahora en particular con tantas funciones está todo bien. Yo tengo que hacer unos ejercicios de la garganta, para las cuerdas vocales, y después me voy a comer o me voy con mi marido a ver alguna película. En general nunca me enganché con los personajes así que no me cuesta salir.
 
¿Cuándo termina la obra?
 
Íbamos a hacer hasta este fin de semana (sábado 11/4) pero como la obra viene tan bien y además iba a venir una obra que se postergó ahora seguimos hasta el 25 de mayo. Con el cambio de horario ahora estamos a las 21:30.
por María Laura Pacheco
laurap@abccultural.com.ar